Los vientos del desierto nos quieren atrapar, quieren que nos volvamos africanos de pura cepa, que sepamos lo que es bueno cuando la fronteras de la atmósfera no pueden parar las ganas de emigrar de ese aire que nace en las arenas del desierto.
Qué tremendo verano nos ha tocado vivir, apenas hemos tenido días de descanso para apagar el ventilador y muchos para aguantar y sufrir los efectos del excesivo calor y la humedad. Fuegos y señales han ardido en nuestras mentes para pensar que algo está pasando en nuestros territorios por esta desventura.
Sí, asustados y cansados estamos por esta disciplina atmosférica tan larga y pesarosa, el cambio climático y el calentamiento global demuestran sus quejas para que nos tomemos en serio lo que nos dicen los expertos de los cielos y tomemos medidas para controlar esta deriva.
Este verano hemos visto la agresividad de los vientos y el fuego cerca de casa arrasando los lugares que conocías bien. Al anochecer los avances de las quemas nos dibujaban infiernos de terror,... nunca habíamos visto nada igual. Verano pesaroso, hasta que hemos llegado a las fronteras del otoño para observar los desastres y comenzar a desbrozar,... la faena será larga e imaginativa, no plantaremos pinos de diez centímetros porque sino, serán los tiempos los que disfrutarán de su crecimiento.
Pero bueno, está bien decir, que entre los escobizos de apagar el fuego hemos recibido una bendición emocional al ganar el mundial de fútbol.
Pendenciero ha sido este verano, con las diatribas sin sentido del mundo conservador y los problemas de Ceuta camino del otoño,... al que queremos llegar,... para echar el estiércol en los campos,... recoger los membrillos del ramblar,... las bellotas de pastor y los paisajes llenos de colores como desagravio por el verano tan duro que nos ha hecho pasar la naturaleza.
No queremos más desventuras para este otoño que viene, estamos muy cansados de tanta maldad y destrucción de los derechos de las personas y de no hacer caso a los avisos de la natura.
Con respeto.
Chavierín
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