Bien sabía el pangolín, que para huir de sus depredadores, tendría que proteger su cuerpo, de los pies a la cabeza, con una coraza de escamas. La naturaleza le ayudó y le dotó del ingenio suficiente para que habitara la tierra y pudiera subsistir sin problemas, porque su figura, seguro que iba a llamar la atención.
De jovencillos aprendimos que el bien siempre se impone al mal. En los cinemas de aventuras enseguida distinguíamos a los buenos de los malos y el guionista lo sabía, porque en la sala se oían gritos de alegría cuando venían los buenos con el cornetín a rescatar a sus amigos. Cuando uno lee un libro, al final del relato, espera que la justicia imponga su criterio.
Son fundamentos de ética y moral que nada tienen que ver con la situación del mundo actual. La naturaleza nos dio la inteligencia para saber diferenciar entre el bien y el mal y hoy está ocurriendo lo contrario, los malos, por miles de delitos cometidos, se consideran los salvadores del mundo y esto no se entiende, eso no fue lo que aprendimos,... lo estamos viendo en los mares del golfo pérsico.
Hay mucha gente desdibujada que no respeta los principios que sirven para que la sociedad funcione con corrección. Después de las grandes guerras se instituyeron unas normas de respeto entre naciones que hoy alguien quiere destruir.
El escudo de protección ante estos sin sentido, es que las mentes vean la conveniencia de la paz y luchen con la palabra para convencer a los descarriados.
Este es nuestro escudo de pangolín, el no a la guerra para que vengan las primaveras con pausa y tranquilidad.
Ante la maldad nos tenemos que proteger.
Con respeto.
Chavierín.






