En medio de tanta noticia de agresividad guerrera, la vida sigue inconmensurable con sus eventos y admiraciones.
La inteligencia humana nunca deja de sorprendernos con sus eventos y ser dispar. Cuando se encuentran en épocas de paz y sosiego, los creadores del ingenio nos sorprenden con avances científicos como el conocimiento del espacio, o como por ejemplo, el señor Gaudí que nos presenta esa obra acabada de la catedral de la Sagrada Familia, aunque él ya no esté. Cien años después de su muerte, los correctos arquitectos retomaron su obra trabajando en los planos que les dejó para que ultimaran esa belleza que encandila al mundo.
Y agradable fue contemplar la colocación de esa cruz final que toca el cielo de la cristiandad, la catedral de más altura del mundo rodeada siempre de admiradores que no salen de su asombro por tanta imaginación arquitectónica.
Antoni Gaudí nacido en el pueblo tarraconense de Reus, y con una gran imaginación para diseñar, estudió los materiales y los volúmenes y apostó por las formas de la naturaleza para construir edificios, iglesias y parques con su estilo particular. Tomó parte del Modernismo catalán para crear rostros de admiración por el empleo del trencadís para hacer mosaicos de trozos de cerámica y espejos adheridos, que llaman la atención de la ciudadanía.
Un día me entretuve observando el árbol de los jilgueros de la Avenida Cataluña para dar significado a la vida y su normalidad y hoy quiero aprovecharme de la grandeza de la obra de Antoni Gaudí, al colocar la cruz final de remate, para decir , que dentro de la agresividad de las bombas, tenemos momentos ricos de admiración para alcanzar un estado anímico de tranquilidad y sosiego para ver de lo que es capaz de hacer el hombre y alegrarnos,... si quiere hace maravillas.
A lo mejor esta asunción a los cielos acaba con esta guerra sin sentido.
Es bueno sembrar esperanzas.
Chavierín.






