Pues sí, la lectura de la entrevista que Berna González Harbour le hizo a Rosa Montero hace unos días en el País, me dio pie para titular el artículo de esta semana.
El libro de la titulación es un ensayo autobiográfico, de ficción para controlar la estabilidad mental y el proceso creativo.
Comenta que las musas y las hadas les regalan un don a los artistas, pero a cambio les hace pagar un precio alto de aborrecimiento y cansancio por querer estar en el candelero. Quienes se consideran normales no pagan ese precio, pero corren el peligro de vivir con tedio en lugar de hacerlo con intensidad y colaboración.
Si adapto estos planteamientos a la vida diaria con sus problemas y amenazas, el peligro de estar cuerdos se convierte en una realidad insufrible, porque el pasotismo no toma parte de su cordura y el enfado se apodera de él.
El haberte educado en valores, en saber diferenciar entre el bien y el mal, lleva consigo este contrato de supervivencia que te hará entender y valorar, pero a cambio. muchas veces recibirás contrariedades difíciles de asimilar, y sufrirás,... porque hacen cosas que no están bien.
Nombraría esas oleadas malignas de pensamiento que vienen inundando la convivencia un día sí y otro también que todos conocemos. Duele mucho la maldad de esa treintena de prebostes que minan la convivencia y se mantienen en las redes sin que nadie consiga hacerles cambiar de opinión.
Nos han enseñado a construir un mundo feliz y justo, donde nadie sufra y mantenga su dignidad,... pero esto no ocurre, pasan los años y todo se perjudica más. Ves que la maldad gana adeptos, y lo triste es, que no saben porqué actúan así.
Muchos grupos que viven en la sensatez tiran la toballa porque no ven visos de arreglo en la sociedad. Están cansados porque los engranajes del lado oscuro avanzan sin control y van destruyendo sus principios sagrados de convivencia.
Este es el peligro de estar cuerdos, vemos y no admitimos la maldad,... pero,... tenemos que seguir estando cuerdos.
Con respeto.
Chavierín.






