No quiero que me hablen esas casas abandonadas en medio de la maleza, me producen excesiva tristeza.
Los herederos no querían saber nada del mundo rural y dejaron las alcobas en su abandono, de forma brusca para no contaminarse de la vida en los montes.
La edad les sorprendió a los moradores y sembraron la sierra de caserones sin habla, sumidos en la oscuridad de los misterios y rodeados de zarzamoras adosadas a su paredes como único adorno.
La heredad y los herederos,... no tienen capacidad para mantener las mansiones y las van abandonando legándole a la intemperie el triste final. Es la historia de los terratenientes y su desván también de " quien quema el monte señor conde "dibujados en blanco y negro porque la atracción de las ciudades deja vacío el mundo rural.
Hace unos años, las casas señoriales habitadas y pomposas, con abundantes lacayos y lucidez económica, abandonaron los inviernos para retornar solo a los pueblos para recaudar el producto de la cosecha. Como herederos de los senderos quedaron los paisanos del mundo, la gente sencilla que enciende la luz en los ventanales de las poblaciones. Y queda claro que después de exprimir la tierra y a sus pobladores, la sala capitular de su historia no les importa lo más mínimo y tienen que ser la gente llana la que conserven la fe en su cultura y en sus costumbres para que resplandezca la aldea.
Pasar por los sitios que tú conociste con mucha vida y que hoy solo son paredes para aguantar la ventisca, te hunde el ánimo y quieres huir de esos escenarios.
Pero eres consciente que en sesenta años de vida ocurren muchas cosas y que esos escenarios los tienes que entender,... pero cuesta dejar atrás esos tiempos de vino y rosas.
Dejaré atrás las tristezas y apoyaré los movimientos culturales para que nada desaparezca.
Chavierín.

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