En Aragón la jota es el remedio de la valentía y la seña de identidad aprendida desde cuando tu padre la cantaba montado en la mula camino del corral. Esa era la escuela de aprendizaje que señala nuestra identidad y nuestro amor a la tierra. Es el canto y la celebración.
La opinión de un señor mayor ya no es muy válida para interpretar la normalidad festiva acá por el Pilar del 12 de octubre del 2026, porque la fiesta y la celebración está más que nada en la juventud y en su mundo mágico de la edad donde todo es júbilo y danza. De recrear me vienen a mi cabeza los tiempos de mi juventud de cuando la intensidad de la fiesta se disfrutaba como mandaban los cánones, con respeto y algarabía.
Ahora ya no tengo nada que decir, esos tiempos ya pasaron y tengo que aceptar las cosas de la edad. Ahora sales de tu casa para visitar alguna artesanía y tomarte algún vermut, pues el agobio de la gente se hace bastante pesaroso,... cosas de la edad. Pero me gusta que la gente disfrute y sea feliz.
Los responsos del pregón vistos desde el sofá de este año Dios mediante, me produjeron cierto amargor, porque en esa casa del lugar, solo se premia a los banqueros y empresarios y se deja de lado a la gente sencilla que también tienen algo que decir en esta ciudad. La mandamás del ayuntamiento, perteneciente al lado oscuro de la política, nombró mucho a la Virgen del Pilar cuando todos sabemos que su bondad no toma parte de ese mundo. Duele que en una celebración se manipule al ciudadano, haciendo política, nombrando a Ceuta, que nada tiene que ver con esta ciudad. Duele celebrar el Pilar con una alcaldesa que carece de principios.
Sé que me comporto como el abuelo cebolleta que siempre se queja, ese que quizá está inmerso en el miedo por lo que pueda ocurrir después de la elecciones,... cierta rareza.
Un tupido velo rodea esta celebración,... pero no estamos para sufrir,... Felices Fiestas.
Chavierín.

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