Ante esta tensión social, a uno le entran ganas de apartarse para abonarse al olvido y seguir las sendas de la tranquilidad, donde los enfados no tengan cabida y el espíritu se vuelva contemplativo.
Hace unos días en el periódico El País, José Andrés Rojo escribió una buena columna descriptiva sobre el paso del tiempo en las circunstancias actuales y las pocas ganas que quedan para participar en la regeneración de la sociedad.
Comenta José Andrés, que poco a poco nos vamos alejando porque tenemos poco peso en el mundo con sensación de derrota,... algo salió mal,... algo se torció. Toca la retirada, una retirada silenciosa,... no quedan fuerzas,... cuanto nos rodea se ha vuelto extraño y, ya decir cualquier cosa, es como tirar unas palabras sobre una mesa que los demás las ven con distancia escéptica, como calderilla que ya no aporta, hasta el punto de indicar la puerta de salida porque tus ideas ya no aportan,... se acabó. Este es un rincón en el escrito magistral del escritor.
Así es cómo desaparecen los humanos cuando ya no quieren tomar parte de la sociedad, porque sus valores se han derrumbado y dejan de tener relevancia. Nos quedamos como antiguallas,... ya no tenemos valor.
Y si queremos ir en la bicicleta del sentido común nos adelantan por todos los lados, con alevosía, porque estas modas ya no se estilan. Y se encuentran bien en los abrevaderos del Congreso donde los insultos y el odio te desesperan,... y ocurre por este abandono, que nos vienen lluvias por todos los lados, el cambio climático es un problema existencial que hay que solucionar y no se dan cuenta,... es lo que vemos. Y a pesar de todo, nos tenemos que echar a un lado porque apenas nos repiten las cosas dos veces, porque nuestro peso en la báscula es mínimo.
Estas corrientes y conductas de pensamiento banal, nos dejan en las orillas y nos aborrecen,... por eso quieres escapar.
Agradecido a José Andrés, por esta interpretación chula de los momentos actuales.
Con respeto.
Chavierín.

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