Vivimos entre humos negros y estruendos de guerra en aquellos lugares bíblicos. Muy amantes de la religión y muy despegados del dolor, del amor a la vida y fuertemente prestos para reclamar sus tierras a costa de la vida.
En la distancia observamos el ajetreo y la maldad que rezuman los verdugos en la contienda con los lugares llenos de destrucción que nos quieren convencer de la bondad de la guerra. Mientras, crece la indignación porque no admitimos semejante afirmación cuando vemos tanto sufrimiento.
La primavera nos perdonará, seguirá su rumbo, lo triste es, que nos encontrará un poco distraídos por tener la cabeza en otro sitio y por no bajarla a recibir al hall de la casa, como siempre se merece.
Esta entrada de la primavera viene algo distinta, nos encuentra con desgana por estas circunstancias. Tendremos plantas de interior en la casa, pero no pondremos mucho empeño en repoblar el jardín de la terraza porque la vida no pasa por los lugares de la esperanza que el pintor Monet pintaba con tanta belleza.
Quizá estar pendiente de lo que ocurre a tu alrededor, te quita acción para los menesteres que requieren normalidad y espíritu tranquilo. El enfado que te rodea actúa como freno para adornar los rincones preferidos cuando llega la primavera,... aunque esta explosión de vida, no tenga culpa de nada.
Aun con todo, seguirá la vida con su proceso y algún día celebraremos en el mundo con normalidad, la llegada de la primavera.
Las guerras destruyen lo físico y lo anímico.
Que dure poco esta destrucción.
Con esperanza,...
Chavierín.

Además ahora las guerras se transmiten en directo. Al igual que ocurrió con Gaza, las televisiones y las aplicaciones de Internet nos sirven cada día las en bandeja las imágenes de sufrimiento y destrucción.
ResponderEliminarComprendo tu malestar y la ambivalencia de sentimientos contrapuestos.
Pero mira, los señores de la guerra nos podrán arrebatar muchas cosas. Pero nunca nos podrán sustraer las imágenes y el disfrute de contemplar el renacer de la naturaleza.
Nunca perdamos la esperanza de que un mundo mejor es posible.
¡Un saludo!
Nunca perderemos la esperanza. Gracias por tus palabras José Luís.
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