Con la memoria retornamos al pasado, a los momentos e imágenes que todos tenemos presentes, los parajes que hemos conocido, y los periplos de una vida que dejan marcas en las zapatillas de la vida de tanto caminar buscando las fronteras de la belleza.
Todo lo de antes se hace presente, sin problemas de almacenamiento, aunque el caudal de las latas de las películas sea inmenso. Después de setenta años, el cerebro no da tregua al olvido y se mantiene despierto para recomponer esos momentos y a las personas que ya no están, para invitarlas a la mesa si fuera necesario.
A veces entras en el "almacén " para consultar cualquier película que se tercie para saber de las vidas y lugares que te produjeron felicidad,... tu lugar de nacimiento,... de estudios,... tus escuelas,... el trabajo,... la música,... los entretenimientos,... y también las tristezas.
Las visitas son constantes desde el "almacén " de la Cruz del Peñazo para arriba, porque está atiborrado de bellas películas,... esos años estaban llenos de felicidad; del Peñazo para abajo, también, pero con más seriedad y obligación, porque nos enfrentábamos a la disciplina de la vida laboral, también bella y edificante, pero más expuesta a las vicisitudes de la maldad que el cerebro evita.
La carga emocional siempre va muy ligada al paso del tiempo, que en cierta forma nos alimenta, pero que también nos produce mucha melancolía. En nosotros está el saber entender los procesos de la vida para que nos afecten lo menos posible.
Son las cosas que tiene el navegar por este mundo de la inteligencia con tanta precisión.
En el fondo, es la magia que viene de las estrellas.
Chavierín.
