domingo, 26 de septiembre de 2010

EL SEMBLANTE ARAGONES,....mi padre


De vez en cuando la existencia nos sorprende con la cara amarga de la tristeza, de las despedidas, del final del camino de un ser querido y apreciado, dándonos a entender que estas situaciones son parte de la vida y que las tendrás que intercalar, de vez en cuando, con las situaciones alegres que te brinda la misma existencia.

Estos días ha estado toda la sociedad aragonesa conmocionada con la muerte de José Antonio Labordeta, una persona apreciada por todos los estamentos de Aragón y fuera de Aragón, persona activa y notoria, poeta y cantor que supo hablarnos de las montañas, del sufrimiento de las tierras secas, de la gente ruda y trabajadora de sus pueblos, del sol a sol y que nos hizo tomar conciencia de que este Aragón olvidado merecía la pena; tuvo una gran reconocimiento de hombre digno y una gran despedida acompañada de canticos y bandurrias, pero lo que realmente emocionó a la gente fue que se nos iba el hombre franco, bondadoso y un auténtico paisano, vendedor del caracter de su tierra.

Unos días antes falleció un aragonés no tan famoso como él, pero sí buena persona y auténtico, hombre discreto y muy querido por todos y al que también le toco sufrir, trabajador y vendedor de buenas costumbres y que dejó mucha tristeza entre los suyos; también tuvo una bonita despedida en la iglesia de su pueblo, cerca de su casa, de su plaza; mucha gente le cantó y le acompañó reconociendo la bondad de su persona y su pérdida.Este aragonés, no tan famoso era mi padre Tomás, gran amigo mío y que siempre esperaba a su hijo con una sonrisa en la boca.

Dentro de la tristeza que me produce su ausencia, tengo que reconocer, que tuve mucha suerte de tener un padre como él, cabal, aragonés y con buenos fundamentos de convivencia.

La gente de nombre y la gente sencilla, de bien, siempre tendrán cabida en una sociedad necesitada de buenos principios.
Chavierín.

lunes, 6 de septiembre de 2010

CRONICA DEL MAR


!!! Ya estoy aquí ¡¡¡.
 Vuelvo con nuevas sensaciones, distintas a las que tengo en mi paraje de las riberas del Ebro, en Zaragoza, la ciudad de las mil y una torres, con casco antiguo de sabor rancio, de ropa tendida, y conversación directa. Uno el regusto que me ha dejado la visita que he efectuado con mi mujer, a la costa de Salou,...al mar, a ese mar hipertérrito repleto de tonos azules prusia, violetas, que lanza esos cientos de imágenes, siempre venerado y observado y que nos regala brisas y  momentos para inmortalizarlos en el cine de nuestras cámaras.


Puedo decir, que después de varios años de no acudir a la localidad, me he quedado sorprendido de su evolución urbanita, ha ganado mucho en extensión, en planificación urbana, con parques de palmeras modernos, que le da aires de actualidad, y un mimo exquisito a la hora de crear los corredores rocosos, lugares de peregrinación y aprobación por el turista.
Continúan igual  los servicios puntuales y la exquisita tranquilidad con los chiringuitos, las tiendas de playa, regentadas por personal oriental con sus hablas muntilingues y  las visitas de rigor para tostarse al sol. Llama la atención la normalidad de la ciudadanía internacional, la educación de los matrimonios mayores europeos, repetitivos, encantadores y sobre todo no cambian las ganas que tiene la gente de manejar los idiomas, quien más quien menos los chapurrea intenta integrarse en el círculo, se ve cierta evolución.

 Mi apreciación es esperanzadora,  de  convivencia y de ciudadanía del mundo, nadie sobramos en esta aventura europea de convivencia, lo que sepamos ofrecer a los ciudadanos de otros países lo recibiremos en el suyo, es el nuevo campo de trabajo para las futuras generaciones.
Es la opinión de Chavierín....