En contrapunto, las mentes actúan de forma distinta cuando las guerras sin cuartel destruyen ciudades enteras llenando sus calles de víctimas. Estados Unidos acude solidario para socorrer a las victimas del terremoto de Venezuela y por otro lado, le permite a Israel que siga masacrando a los palestinos y libaneses con una agresividad que nadie entiende.
Este desorden emocional de cara a lo correcto, crea cierto decaimiento anímico, porque las guerras de siempre acaban con las ilusiones que produce esta deriva tan humana de solidaridad que dura muy poco.
Vimos actuaciones muy animosas, cuando en el parlamento, los diputados aplaudían las palabras del Papa León XIV y a los pocos días rompían las promesas de no insultar y sembrar odio.
Cuando la pandemia todo el mundo fue muy solidario, obedeció las normas y aplaudió en los balcones. En los incendios, todo el mundo colabora para quitar la aflicción de las caras de los vecinos, pero no aprobamos la asignatura de la emigración para ayudar y asistir a los que llegan a nuestras costas, porque la maraña intelectual del lado oscuro enreda estos sentimientos de solidaridad y aplausos por intereses escondidos. No logro entender estas conductas.
Ahora oigo los silbidos de los vencejos dando vueltas en la plaza de casa, que me dicen, que por más que me empeñe, el problema tiene difícil solución.
A veces las veletas marcan el sufrimiento.
Chavierín.

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