domingo, 4 de diciembre de 2016

LA BARRANQUERA


        En la vera, en tierras limos y aguadas, a orillas del barrancal, cerca del río,... allí habitan. Vivero mísero de hierbas tiernas de aporte, de lechacinos y cardos de flores lilas, que pueblan el brazal,... expuestas, entre balluecas de semilla y candelero,... aireadas y columpiadas por las brisas de la tranquilidad,... en silencio, ahí quedaron y ahí sobreviven al abrigo del manantial.

         ..... y como tierras sin fronteras,  los saltamontes y otras ánimas asíanse fuerte a las cañas del florestal...

         ..... y a su vera....

        Retomó el ajau y la burrica,... y retrasó en el tiempo los recuerdos,... y se sentó encima del lastón con las perneras en alto del pantalón,... y lanzó la mirada,... y contempló,... y colocó a su vera el cantarillo del corral,... para refrescar y pensar y volver a desbrozar la hierba de los tiempos de ausencia. Y empleó el sol que acetrina, para honrar y cultivar,... y usó la dulzura con manos de hombre mayor, de los benditos hombres del campo, de cuando la edad les lleva a dar vida, otra vez, a las tablicas de al lado del río.
         
         Mientras, los juncos y chopos, protectores, se hacían eco y se ilusionaban con la nueva compañera, rodeados por el ramal de la burrica, que apagenta y se entretiene entre la hierba y el fresco aguazón,... la mañana al empezar....

         Y asiente y elige,... y es feliz,... y camina despacio para comenzar a trastear con aprecio rural ese sementero de tierra que le apasiona.

          Y subirá río arriba,... y buscará el riego,... y el azud,... y las cañas para entretejer,... y pondrá un trapico de tela en la tajadera....

          Y esperará y ensalzará,.... y recogerá esas dádivas buenas de sustento con paciencia, los frutos de la siembra,... y el mimbre de la cesta,.... y las alforjillas que acabarán el proceso,... entre albarcas y peducos, entre la escoba del gusano patatero y la latica de regar el cebollino, como si los viera,... y al acabar la jornada, ----¡ hala Romera, que nos vamos a casa !,... al atardecer, rumbo a la hacienda. 
          
          --- ¿ Qué traes hoy padre ?---

           Al final prendo el dulzor y atraigo estas costumbres plenas de sencillez, para dar importancia a la tierra y al hombre, y escribo un delicado homenaje para honrar a esos señores de barranquera buena que dieron vida a esos lugares,... mi tío Manuel,... el apreciado Domingo,... mi padre Tomás,... y más,.. y más paisanos,... todos supieron hacer de la natura un poema,... eran felices.

          ......y ahí estaban los tres sentados. otra vez, en el muro de la puerta.... como tantas veces...

          ....mientras,... 

          ..... en el obrador, dentro del canasto,.... los frutos de la barranquera disfrutaban con  orgullo...

          .... y la señora de la casa....

          ¡¡ no me has subido las borrajas que te he dicho !!

         ..... ¡ hay, para!,... ahora mismo voy,... ¡¡ Mocetes !!,...  me subo a cenar.

         ¡ pronto nos iremos nosotros !

         ¡ hala adiós,... vaya bueno !


         Como tantas veces,... con poco, hicieron un vergel.

         En el recuerdo...


         Chavierín



    

      


2 comentarios:

  1. Los hortales... oasis llenos de sosegado trabajo y exuberante vida vegetal. En tierras de secano el aprovechamiento del agua y el amoroso cuidado de los hortelanos aseguraba excelentes cosechas. Las verduras y las frutas nos deslumbraban precisamente por su escasez. Y cuando había ocasión de degustar algún perete o las deliciosas cerezas de la barranquera de Ubío, nuestras papilas agradecían sus sabores tan intensos y agradables.
    Describir lo que suponían los hortales en nuestra época de niñez requeriría de un vocabulario emocional y perceptivo porque las palabras se quedan cortas para describirlo.

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  2. Se me perdonará la licencia de emplear la palabra hortal. Para mí viene a ser lo mismo que barranquera.

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