domingo, 9 de julio de 2017

" NOCHES DE MANHATTAN "

          Desde la terraza, de cartelera va mi mundo de asueto, sintiéndome como el bueno de James Stewart, el actor de la Ventana Indiscreta. Fisgoneo sin interés a los vecinos de enfrente y observo que no hay altercados, sólo cenas tranquilas y ventanas abiertas esperando la brisa. 

     Son mis noches de verano a la fresca, momentos de relax y multiflex y desde donde este locutor suele ir de conciertos aprovechando la variedad de ofertas que presenta su pequeño ordenador.
    Hace unos días, metido en el aislamiento de los auriculares me encontré con los conciertos homenaje a los señores de las artes escénicas que se realizan en el Kennedy Center de Washington, descubriendo a esos divos de la música ya mayores que tomaron parte de los grupos de mi juventud; ahí estaban los Led Zeppelin, los Eagles, Santana,.... emocionados al ver cómo otros artistas interpretaban de forma magistral sus canciones, y es que, recordando sus canciones, la emotividad es fuerte, sus cabellos blancos los comparas con los tuyos y aparece cierta melancolía porque sus temas tomaron parte activa de tus escuchas. Es lo que tiene la música que te acompaña, por un lado, la virtud de alegrar y por otro la virtud de entristecer.

..... ¡ Hay señor, señor !....

    Y como estoy en la diatriba de envidiar y ser feliz, vuelvo a los primeros años de música y Rock and Roll, y  saco cinco pesetas de mi bolsillo para echarlas a la sinfonola de Gregorio y escuchar a los Módulos y a Fórmula V, y de paso, me pido un platillo de berberechos, porque me gusta la música y la distinción,.... ¡ de uno en uno !
    Y me recreo y vuelvo al pipete del Paradise y luciérnagas entre aliagas, y pongo el tocadiscos fuerte de sound raund y hago que suene la canción Molina de los Creedence Clearwater Revival y me quedo más pincho que unas pesetas. Y si tengo ganas de subir la cuesta voy al baile de casa Jordán y dancing, dancing, y escucho la canción  Mamy Blue y a Demis Roussoss, y entre canciones me casco una soberana copa servida por el sr, Ramón el cartero,... como es de ley.

     Sin pleitear y en fiesta grande subo al casino a escuchar el concierto y entre un platillo de gambas cornilargas, le digo a cantante del grupo Bonanza que toque la canción de Los Pequeniques, el Tiempo Vuela, y,.... todos tan contentos.
     Y medito, y hago tabla rasa de mis primeras canciones, casi, casi, antes de abandonar el nido, las que dicen que quedan para siempre en la memoria y me paso por la calle Roncesvalles, y voy a casa del sr. Adrián a trastear la guitarra, y de paso breve reverencia a la esquina de La Purisma, como hacen los hombres que trinan bien.

    Esto me evocan esos viejos cantantes, el retorno a las historias vividas por y para la música,... ¡ qué tiempos aquellos !

    De ahora en adelante cuando trastee el piano o la guitarra me pondré un bombín por que este mundo necesita cierta reverencia,... a ver si lo encuentro,... de fieltro tendrá que ser.

    El Freak Show, el vodevil, by,....

    Chavierín.

2 comentarios:

  1. Unas cosas llevan a otras... El hilo conductor asocia canciones de antaño con experiencias personales que quedaron en la mente de forma indeleble. Lo dibujas de forma estupenda en tu crónica de hoy.
    Ah, también me pido otra de berberechos. Y por supuesto la copa servida por Ramón. Nadie como él sabía hacerlo con esa mezcla de seriedad, complicidad y profesionalidad.
    Un abrazo. JL

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  2. Ya está el bombín viviendo junto al piano y las guitarras, como tiene que ser.

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