lunes, 8 de julio de 2013

EN LA OTRA ORILLA

Quizá todo caiga en el olvido, quizá el periplo por el mundo de la producción y el trabajo sea suficiente para justificar cómo funcionan las cosas del contrato social..., yo trabajo, y a cambio de mi esfuerzo, usted me paga unas cuantas guineas. Mundo mecánico e insulso si, aparte de la obligación, no aderezáramos con riquezas de convivencia la estancia ordinaria en el puesto de trabajo. Oportunidades hay mil de ser un buen compañero, de ayudar en lo que se pueda, de equilibrar esfuerzos, de animar, de participar, de emplear las salsas de lo que ocurre en las tertulias, de alegrarte de sus buenaventuras, de reírte, de sufrir a veces con las tristezas. Cada uno  estamos en el  vagón que nos corresponde y de esa, cocina de los años, saldremos con el informe de actitud y  bondad del que hemos sido merecedores.

Después, y durante bastantes años, la conciencia preparará sus alambiques en la plazas del viento, en los comentarios, en los recordatorios, cuando salen a escenas los reconocimientos o detestos de tu actuación en el lugar de trabajo, proyecto de " fin de carrera ", que te dirá si actuaste con tiento y sentido común y si tomaste caminos equivocados a causa del cargo desempeñado o al nivel de esfuerzo o parasitismo demostrado.

En el mundo laboral todo parece estar jerarquizado, cargos de tronío y alcurnia, de renombre, de sombrerete, de mirada tuina, de los que te ven y no te ven, de jefecillos, de encargados y furrieles que se creen el ombligo del mundo, de gente que les dieron la oportunidad de hacerse querer y renunciaron por complacer al dueño, empleando látigos y métodos que no venían al caso.

Más tarde, cuando se abre la puerta principal de desvinculación con la empresa a causa de la edad, por jubilación, se presenta la escena de la llegada a la estación del desierto, donde nadie te espera, donde eres uno más, con más o menos emolumentos, donde llegas sin galones y con el diploma de conducta.

¡¡¡ Hojalá !!! se pudiera volver a rebobinar y  aprender a valorar al que tienes al lado, a manejar con decencia tu trabajo, tu cargo, porque al final, te das cuenta, que  gana tu prestigio, la empresa, los compañeros, la salud y la conciencia.

Al final,  sólo queda el medio que fue, el lugar de trabajo y tu persona, y no intentes volver de nuevo a ese lugar porque tu rentabilidad ha caducado.

Es el sino manipulador del mundo laboral, te empleo y te dejo al pairo, sólo, ante las críticas o ante las alabanzas.

Es el impuesto que tienes que pagar por tu conducta.

Chavierín.


1 comentario:

  1. En el repaso final, los meses anteriores a la desvinculación con el mundo laboral, se verá si el recorrido ha merecidola pena, si son mayores las alegrías que los sinsabores, el sabor de boca de todas las experiencias vividas... en definitiva, el rastro dejado en el tránsito hacia la jubilación.
    No tardarán en llegar los tiempos de recuento. Los años pasan rápido y el obligado balance dará cuenta de una parte de lo que hemos sido.
    Un abrazo. José Luis

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