jueves, 19 de enero de 2017

LA ESCALERA DE CARACOL DE SAN MARTIN

          Y haciendo un poco de sisa a mis historias, retornaré a la infancia de clérigos y monaguillos en Uncastiello y tomaré presto la obediencia para subir a obscuras a la torre de san Martín y dar un toque a la campana de difuntos después del rezo de un Ave María. Recuerdo que el tañido se prolongaba hasta que llegaba el entierro a la salida del pueblo, y esa era la duración del silencio, un paisano del pueblo nos dejaba en su periplo final.

      Dejabas de tocar,.... compungido, viendo la parsimonia de la comitiva a lo lejos, siendo las almenas, los testigos de la despedida; y desciendo de la torre, rozando la pared en la obscuridad buscando tientos hasta llegar al principio, donde vive el armonium y sus trompetas de zinc con sus angelotes de baile,... y retorno, y vuelvo la puerta con la tristeza que queda en el ambiente después del requiem aeternam,... sólo quedaba el olor a incienso de la ceremonia.

    Estos son unos rincones de la vida,... de normalidad. Esta es una secuencia que guardo y expongo  por su curiosidad, las almenas de San Martín en altura impresionan, y el asomarte para otear el horizonte produce cierto miedo, y más a la edad de diez años; aguantas, tumbado en el suelo, rodeado de alguna mata de higuera y,.. ---- ¡ para de tocar, que ya han pasado los graneros !.

     La iglesia de san Martín siempre ha tenido algo de poltergeist, con sus imágenes expuestas estratégicamente y las capillas escondidas con lamparillas de aceite,... silenciosas,.... vibrantes,.... iluminando esos rostros sedentes de santidad, capillas de entre puertas con porte señorial, repletas de reclinatorios mirando al altar,  y al fondo, la testura fina de cincel de sillas del coro y cantores clerecianos gravados en nogal. Y si a esto, en los días de invierno, a las siete de la tarde, le ponemos la penumbra y la tranquilidad, dentro de la obscuridad vista por un infanzón, uno se puede imaginar los miedos que aparecen al final del culto entre relámpagos de velas y sombras misteriosas,----¿ dónde estás ?, ----¿a dónde te has metido ?, ---- ¡Vale ya, no !,... tretas y escondecucas en la imaginación de los años sesenta cuando subías a tocar al campanario en esas noches de invierno. Ufano sonaba el cierzo por el pequeño tragaluz de la torre, marcador de fin de la obscuridad, ----¡ qué alto se veía el mundo desde esas alturas !. 
     Y allí subirían en otros tiempos, digo yo, gentes con borceguíes y casullas medievales, cientos y cientos de paisanos y pobladores que también tañerían las campanas del torreón con asomo y expectación,.... en la fiestas,.... en el culto,.... en los entierros,.... en los días gordos de incensario y procesión....

     ----¡ Cuantas historias no podríamos relatar describiendo las distintas épocas que observó el torreón de san Martín !,.... de terciarios y clérigos de sotana de colorín, bonete y lechuguillas, con atisbos, creo yo, de trazos de inquisición como mandaba la orden de la ecclessia, de guerras y acoso al torreón, a la cual estaba expuesta el arcabuz, de espadas y galanteo, de florete y pelucas, de tercerolas y cazadores, de uniformes romos y respeto, de sustos, de venganzas y acosos,.... siglos viendo historias,... y ¡ más que observará de sus futuros habitantes !, con sus matices y curiosidades, personas que vendrán de otros lugares y se seguirán maravillando con el arte de este delicado rincón.

     Ahora, San Martín, encierra un precioso museo de exposición,... de explicación,... que cuenta todas las andanzas de sus tiempos de culto, emocionando al visitante y mostrando las historias que ahí se vivieron.

     Todo seguirá por los siglos,.... y el torreón será testigo de nuevos advenimientos, de habitantes jovencillos que jugarán por las calles y darán vida de nuevo a este lugar.

     En mi infancia, disfruté en esta iglesia,... y canté en misas mayores,.... y entoné cánticos en latín desde el coro,... y me reí,... y fui feliz con mis amigos de siempre.

     Quiero animar con este relato a las personas que empiezan a luchar para que este pueblo y este rincón recupere la vida de siempre,.....

     "  porque las piedras,.... seguirán hablando...."

    Chavierín

     

      

     

     

2 comentarios:

  1. Poco más se puede afinar en el recuerdo de experiencias tan ricas como impactantes. Como siempre, estupendamente relatadas. Surgen frescas y diáfanas de tu pluma (bueno, teclado). Las emociones vuelven a tener corporeidad. Los gratos recuerdos, al igual que las almenas de San Martín, ahí quedan para la posteridad. No se difuminarán para siempre. Esa es la grandeza de plasmar las remembranzas, de recuperar historias compartidas vividas con intensidad que nos acompañarán para siempre.
    Excelente relato, Javier. Enhorabuena

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    1. Gracias, José Luis, por tu comentario, magistral como siempre.

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